lunes, 11 de julio de 2011

Nicolás GRIMALDI, El trabajo


GRIMALDI, Nicolás, El trabajo. Comunión y excomunicación, Eunsa, Pamplona 2000 Nicolás Grimaldi es profesor emérito en la Universidad de París-Sorbonne. Ha sido catedrático de Filosofía moderna y de Metafísica.En su libro aborda las cuestiones clave sobre el trabajo citando con soltura a los autores clásicos, principalmente a Aristóteles, Platón, Diderot, D’Alambert, Kant, Rousseau, Hegel, Marx, Adam Smith, Durkheim y Bergson. Su lectura resulta en algunos pasajes a veces algo difícil, pues expone con tanta vehemencia las doctrinas de estos autores, que no queda claro hasta qué punto las comparte o las critica.

Se divide en dos partes:

I. Ontología del trabajo, donde investiga sobre la esencia del trabajo, sus formas y las interpretaciones que se han hecho de él en la Historia, en particular el juicio peyorativo que ha recaído sobre el trabajo manual.

II. Sociología del trabajo, donde expone y critica las teorías Durkheim y Marx sobre la división del trabajo.

No me propongo aquí un resumen completo del libro sino entresacar algunas ideas interesantes que puedan tener aplicación en la Teoría del hogar, que es el tema de este blog.

El trabajo manual como arquetipo de trabajo.

Grimaldi repropone aquí una vieja tesis de los ilustrados franceses, especialmente Rousseau, pero también Diderot y D’Alambert, a los que cita abundantemente.

Para estos autores el trabajo manual, como la agricultura y la artesanía, es el principal y más digno, y arquetipo de todos los demás, pues provee a las necesidades básicas de las personas, está por encima de las opiniones y modas de la sociedad, tantas veces falsas y antinaturales, y es raíz a partir de la cual se ramifican todas las Artes y las Ciencias (p.40). Recordemos que este es el planteamiento de fondo de La Enciclopedia, llamada Enciclopedia o Diccionario de las Artes y Oficios. Grimaldi lo afirma con contundencia:

«No solo el trabajo manual es el más necesario, el más útil, el más independiente, el más libre, sino que además, siendo el más original, es aquel a partir del cual todas las demás formas de trabajo se ramifican y especifican. No es pues solamente el proveedor o abastecedor de los demás en el orden económico de la producción; también es el fundamento en el orden epistemológico de los descubrimientos. Su primacía no es únicamente cronológica u ontológica; también es lógica y tecnológica» (p.40-41).

Con ello, además, se rescata una vieja intuición del pensamiento griego presocrático, perdida con el intelectualismo de la tradición platónica y aristotélica la cual, como se sabe, favorece la vida contemplativa o teorética en detrimento del trabajo manual. A este propósito Grimaldi hace notar que Atenea, diosa de la Inteligencia, lo era también de todos los trabajos manuales, incluidos los domésticos, lo cual les confería un prestigio que el poeta Hesíodo no dejó de ponderar (p. 32-33).

Dialéctica naturaleza-sociedad

Como hemos dicho, Grimaldi expone la doctrina de Rousseau y los enciclopedistas —y hasta cierto punto la comparte—, en cuanto reconocen la primitiva dignidad de los oficios tradicionales, más enraizados en la naturaleza humana que el resto.

Sin embargo Grimaldi critica la idea roussoniana de sociedad como artificio, como algo convencional y falso, y lo hace partiendo precisamente de la realidad del trabajo.

El trabajo, dice Grimaldi, responde al deseo de ciertos bienes que están más allá de la naturaleza, es decir, bienes culturales (cfr p. 112), y dado que el trabajo engendra la sociedad, la sociedad debe ser por fuerza tan originaria y natural como este deseo.

¿Soy lo que produzco?

Grimaldi acierta, como digo, al criticar el naturalismo de Rousseau, por más que este autor defienda con acierto el valor del trabajo manual.

Ahora bien, tal vez Grimaldi se excede al intentar fundamentar su crítica recurriendo a conceptos tomados de Hegel y Marx, a los que cita textualmente.

Siguiendo a estos autores, Grimaldi sostiene que el trabajo no sólo rebasa naturaleza humana, sino que, en cierto modo, la crea. Según él «Marx dice con razón que nuestra verdadera naturaleza es nuestra socialidad» (p. 123) Es decir, nuestro mismo ser, nuestra realidad como personas, provendrían de la identidad social que nos otorga el trabajo. Dice también Grimaldi:

«Por muy insatisfactorio que sea, sólo hay una respuesta que dar a la pregunta “¿qué soy yo?”: soy lo que he hecho. En definitiva sólo me define, me califica y me caracteriza mi trabajo, porque mi objetivo es él», p. 177

«Mientras no hayamos trabajado, ¿qué sabemos en efecto de nosotros mismos? Sin duda sabemos que somos pero no sabemos qué somos», p. 122

«Quid igitur sum? no puede sino interrogarse toda conciencia en la inquietud y la ansiedad. Solo el trabajo le aporta la única respuesta incontestable: lo que produzco, eso el lo que soy. Ecce homo», p. 122

«Al intercambiar los productos de nuestro trabajo intercambiamos la sustancia de nuestras vidas», p. 124

PPR

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