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lunes, 22 de agosto de 2022

Barrer y señorear


Este rincón del universo que me guarda y me define, este espacio limitado y preciso donde yo soy más yo, o sea mi casa, necesito reconquistarlo periódicamente, imponerle mi ley, llenarlo de mi presencia. Por este motivo, entre otros, lo barro. También para quitarle el polvo, claro está, pero cuando paso la escoba siempre es más lo que pongo que lo que quito. Lo que pongo sobre el suelo es… a los míos, mi familia. 

Los pongo con la intención porque la limpieza consiste en eso, en “hacer hueco” a las personas, ensanchar el espacio espiritual, domesticarlo. En cambio la suciedad estrecha y quita oxígeno. Me adueño, me posesiono de mi casa, la veo con nuevos ojos. Barrer es apersonar el espacio. 


Con esta modesta operación les declaro mi aprecio, preparo nuestro encuentro, anticipo su presencia. Porque la habitación limpia saluda al que llega diciéndole “bienvenido”, “estás en tu casa”, “come in”.  


Consiste más en dar que en hacer. Algún analfabeto doméstico se quedará en el hacer de la escoba, zas, zas, repetitivo y mecánico, pero olvidará el dar que lo llena de sentido. Pues barrer es dar la casa a quienes la habitan, convertirla en flamante regalo, estrenarla para ellos. 


Lugar de todo y de todos, el suelo es el símbolo de la aceptación incondicional que define a la familia, que se formula del siguiente modo: “no te acepto por lo que tienes, puedes, sabes o prometes, sino por ser quien eres”. 


Y de ahí que barrerlo y fregarlo sea aceptar a la persona en cuanto plantada en la existencia (ex-sístere: ‘estar de pie, erguida, plantada’). Es asentir a su existencia, hacerle hueco en el mundo, aceptarlo por lo que es.


Amor meus pondus meum: mi amor es mi fuerza de gravedad, decía san Agustín. Y el suelo, este suelo, me lo recuerda. Hasta el simple pisar el suelo puede ser un acto de amor, todo depende del “peso” de nuestro corazón.

lunes, 11 de julio de 2011

Georges VIGARELLO, Lo limpio y lo sucio

Georges VIGARELLO, Lo limpio y lo sucio. La higiene del cuerpo desde la Edad Media (Tit. orig. Le propre et le sale: L'hygiene du corps depuis le Moyen Age), Alianza 1991, 323 págs.

El libro se puede descargar íntegramente en pdf en varios sitios de Internet, por ejemplo aquí.

Historiador y sociólogo francés, Georges Vigarello (1941) trabaja en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París (École des hautes études en sciences sociales) y ha demostrado en este y otros estudios un interés particular por lo que podría llamarse sociología del cuerpo, es decir, la representación del cuerpo en las diversas épocas y culturas.

El libro que reseñamos se publicó en Francia el año 1985. En él se describen los usos y concepciones de la higiene personal hasta finales del siglo XIX. Aunque el título hace pensar en un ámbito de estudio más general, el autor se ciñe a la sociedad francesa, y más en concreto la parisiense. Si bien limitadas a este escenario, sus fuentes son abundantes y variadas: tratados de higiene, urbanidad y moral, normas administrativas, novelas, inventarios patrimoniales, etc.

El autor analiza con gran perspicacia las sutiles interrelaciones entre elegancia, sentido del pudor, avances científicos y técnicos, convenciones sociales, y cambios políticos. Todo ello, según Vigarello, va configurando en cada época el concepto de “limpieza corporal”, con variaciones verdaderamente notables.

En el siguiente esquema resumo lo más escuetamente posible el contenido del libro. Después de ello expondré mi opinión sobre él, e intentaré sacar algunas conclusiones desde la óptica de la Teoría del hogar.