Frank R. WILSON, La mano. De cómo su uso configura el cerebro, el lenguaje y la cultura humana, Tusquets, Barcelona 2002
Neurólogo y director médico del Peter F. Ostwald Health Program for Performing Artists de la Universidad de San Francisco, Wilson es un científico de amplias miras y un auténtico humanista, como demuestra en esta obra.
No se limita a estudiar la mano —“milagro biomecánico fruto de la adaptación”— desde sus conocimientos como neurólogo, sino también desde multitud de perspectivas: biología, psicología cognitiva, lingüística, pedagogía y, sobre todo, paleoantropología. Y lo hace de modo ameno y original, ilustrando los argumentos científicos con ejemplos tomados de diversos oficios. Desfilan a lo largo de sus páginas músicos, malabaristas, titiriteros, mecánicos, joyeros, magos, artistas, etc, cuyos testimonios, según nos hace ver el autor, nos remiten al largo proceso evolutivo en que se formaron, en fecunda interacción, la mano, el cerebro y el lenguaje.
Para Wilson, en efecto, resulta incuestionable que esas tres aptitudes, habilidad manual, pensamiento y lenguaje, han coevolucionado hasta la forma actual en el homo sapiens sapiens, en un proceso cuya complejidad aún estamos lejos de comprender. «Nunca entenderemos —afirma— qué es la inteligencia hasta que no podamos establecer de qué modo están interconectados bipedismo, braquiación, interacción social, acicalamiento personal, ambidextria, lenguaje y uso de herramientas, articulación de ensilladura del quinto metacarpo, neuronas “de comunicación” en el córtex parietal del cerebro, neurotransmisores inhibitorios, clados, codones, secuencias de aminoácidos, etcétera». (p.169)
En otras palabras, para Wilson nuestro desarrollo cognitivo, emocional, lingüístico y psicológico como especie diferenciada sería fruto de nuestra actividad manual, una actividad que rebosa pensamiento, comunicación, simbolismo y creatividad. Son lo que él llama raíces físicas ocultas de la aptitud humana: «Ahora estoy absolutamente convencido de que estas raíces son más que profundas y más que antiguas. Vienen de muy abajo y muy atrás en el tiempo, desde mucho antes del alba de la historia humana, desde los orígenes mismos de la vida primate en este planeta» (p. 20)