Arlie R. HOCHSCHILD, La mercantilización de la vida íntima. Apuntes de la casa y el trabajo, Katz, Madrid 2008, 386 págs.sábado, 15 de octubre de 2011
Arlie R. HOCHSCHILD, La mercantilización de la vida íntima
Arlie R. HOCHSCHILD, La mercantilización de la vida íntima. Apuntes de la casa y el trabajo, Katz, Madrid 2008, 386 págs.martes, 30 de agosto de 2011
Sara RUDDICK, Maternal Thinking
CONTENIDO
domingo, 17 de julio de 2011
María Teresa MARTÍN-PALOMO, Domesticar el trabajo
lunes, 30 de mayo de 2011
G. LIPOVETSKY, La posmujer en el hogar
Gilles Lipovetsky, “La posmujer en el hogar” en La tercera mujer. Permanencia y revolución de lo femenino, Anagrama, Barcelona 1999, pp. 186-238Al parecer, hasta el siglo XVIII el trabajo del hogar era poco apreciado por sí mismo en Occidente, incluso por parte de las mujeres. Es a partir del siglo XVIII, y sobre todo durante el XIX cuando se forja la idea de “ama de casa” que conocemos actualmente, primeramente en los ambientes burgueses, y más tarde se extiende a toda la sociedad. Se exaltan y magnifican sus cualidades, se perfilan sus funciones como peculiares de la mujer y diferentes de las del varón, y se pondera su sentido del sacrificio y su dedicación a la vida, la educación y a la felicidad de la familia. Se habla incluso de ángel del hogar y sacerdotisa o vestal del templo doméstico. Esta retórica se mantiene hasta los años

viernes, 25 de febrero de 2011
El hogar, escuela de humanidad
Comparto en este post el siguiente esquema que elaboré para unas charlas sobre antropología del trabajo doméstico, que tuvieron lugar en La Puebla de Castro (Huesca, España)
El hogar es la encarnación de la familia,
su forma de vida propia, su concreción en el espacio y el tiempo. Funciona como una persona hecha de la comunión de varias: tiene alma y cuerpo, se “arregla”, crece, cambia, se alimenta, se ensucia, se lava, habla, ama…
¿Qué son las tareas del hogar?
Son aquella trama de actividades y compromisos (servicios, destrezas, encargos, competencias, tradiciones, ritos, juegos, etc) con los cuales el hogar: A) se une orgánicamente como cuerpo vivo, B) toma conciencia de sí, C) configura su identidad peculiar, y D) celebra su hermosura.
Su sujeto es toda la familia como comunión de personas.
Las tareas domésticas reflejan la peculiar comunión de personas que es la familia, y por tanto todos sus miembros están implicados en ellas, cada cual según su modo peculiar de ser familia y sus circunstancias, formando así una “comunidad de trabajo”.
Aunque la mujer desempeña un papel especial.
En el plano simbólico, en efecto, la mujer personifica el hogar, es como su rostro y su signo insustituible. El hogar es como ampliación de su regazo. Por eso corresponde a ella dirigir estas tareas e informarlas con la levadura de su feminidad, lo cual no significa en absoluto que, en la práctica, tenga que cargar con todo. La casa es de todos.
Son paradigma y pedagogía de todo oficio.
Contienen como en embrión todas las profesiones. Abarcan muchas actividades (unas 300), que comprenden: A) procesos técnicos, B) labores educativas y asistenciales y C) manifestaciones estéticas y lúdicas. Admiten por consiguiente varios niveles de interpretación o lecturas profesionales.
Son ejercicio de maternidad espiritual.
Es decir, con ellas se cuida de las personas interiorizándolas en el corazón, como gestándolas, para que nazcan de nuevo. Materializan la vocación de nido de la mujer, y en el fondo, de todo ser humano. No persiguen tanto la eficacia como la fecundidad; más que hacer cosas consisten en dar vida.
Forman un sistema.
El ama de casa detecta un latido que lo informa todo, cosas, acciones, espacios y tiempos, como el corazón en el cuerpo vivo. Puede compararse con el cine, donde una gran variedad de trabajos, aparentemente dispares, se integran en un único guion.
Su eje es la corporeidad
de la persona. Constituyen una sabiduría práctica sobre la condición encarnada del hombre. Somos persona según el cuerpo, y por tanto atender las necesidades corporales (comida, vestido, limpieza, adorno) es camino privilegiado para conocernos y amarnos.
Cultivan el sentido simbólico.
Las tareas domésticas constituyen una economía de signos. Cada una de ellas tiene valor de gesto: traduce los acontecimientos familiares en sabores, colores, espacios, tactos y sonidos. El ama de casa escucha la voz de las cosas y hace hablar a la casa.
Entablan una conversación,
tácita e ininterrumpida, entre todos los miembros de la familia, cuyo idioma son las cosas de
Forman personas.
Son academia primordial de humanidad: modelan sensibilidades, orientan conciencias, desarrollan virtudes, despiertan talentos, encaminan vocaciones, inspiran arte, educan destrezas, inculcan civismo, siembran solidaridad, cultivan complementariedad.
Aúnan servicio y libertad.
No son servicio servil, propio de esclavos, ni se reducen a mero servicio profesional, el desempeñado con arreglo a la justicia, sino que se desbordan en servicio soberano, que es don de sí libre y responsable. En él se concilian los dos sentidos de la palabra servicio: servir-para (competencia, profesionalidad) y servir-a (cuidado, abnegación).
Imprimen sentido de fiesta.
Además de reconocerse y afirmarse en sus fiestas, la familia es, ella misma, fiesta. Aunque exigente y sacrificada, esta labor nunca pierde cierto carácter de celebración incesante: pone en juego arte, ingenio, fantasía y humor. Se procura la excelencia en el detalle, pues así lo pide la dignidad de la persona.
Domestican el espacio: los trabajos manuales.
El tacto humaniza los objetos domésticos, especialmente la ropa, comunicándoles valiosos y sutiles significados. El uso, la limpieza y el adorno los incorporan al diálogo tácito de la familia y los integran en el sistema doméstico.
Domestican el tiempo: lo cotidiano.
El oficio doméstico armoniza los ritmos cósmicos (el día, la noche, las estaciones) con los corporales (comer, dormir, crecer) y los recapitula en la categoría del hoy, lo cotidiano. Integra el ritmo subjetivo de cada persona (agobios, prisas, tensiones, apatía, enfermedad, etc) en el tempo o timing doméstico, es decir, la historia común a toda la familia.
Enseñan a vivir en complementario.
Las tareas que afectan a la esfera corporal (cuidado de la ropa, objetos y lugares de aseo, etc) o el cultivo de la elegancia y los modales, despiertan el sentido del pudor, que es admiración y respeto hacia el sexo opuesto. Con ello se aprende y enseña a ser varón o mujer, y a comportarse como tales.
jueves, 24 de febrero de 2011
Mey ZAMORA. Dulce Hogar. Un retorno a lo esencial

Hay ciertos pasajes del libro de Mey Zamora que sirven de clave para entender toda la obra: aquellos en que aconseja intercambiar información doméstica con las amigas, compartir experiencias, pedir consejo. En realidad ¿qué es todo este encantador librito sino precisamente eso? Su planteamiento es el de una charla amistosa, de esas que las mujeres suelen mantener cuando coinciden en el supermercado, el parque, la peluquería, el autobús, el café de la esquina, el gimnasio. Conversaciones que nosotros, los hombres, tendemos a ridiculizar por parecernos insustanciales. Ahora que leo a Zamora, sin embargo, caigo en la cuenta de la sabiduría que entrañan, de la multitud de brillos y matices que encierra el hogar como tema de conversación. ¡Es el microcosmos donde todo lo humano se gesta, se cuece y se alumbra!
El hogar como tema, además, se distingue de cualquier otra charla profesional en un punto: el objeto de esta conversación –el hogar– se realiza y se amplía por el hecho mismo de tratarlo. Hablar de hogar crea hogar. Compartir nuestras experiencias sobre hospitalidad ya es un acto de hospitalidad. Y así, cuando varias amas de casa platican sobre lo suyo instauran un vecindario cultural y espiritual, en el cual cada una entra, en cierto modo, en el hogar de la otra. Más aún, unas familias se abren a otras, con todo el beneficio que ello supone para la cohesión social y la cultura.
En definitiva, un libro repleto de pensamiento artesanal e intuiciones luminosas, útiles para todos los ámbitos profesionales. Chapeu!
ZAMORA, Mey, Dulce hogar. Un retorno a lo esencial, Plataforma editorial, Barcelona 2009
