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sábado, 15 de octubre de 2011

Arlie R. HOCHSCHILD, La mercantilización de la vida íntima

Arlie R. HOCHSCHILD, La mercantilización de la vida íntima. Apuntes de la casa y el trabajo, Katz, Madrid 2008, 386 págs.

Arlie Russell Hochschild (1940, Boston, Massachusetts) realizó estudios en la universidad de California en Berkeley, donde luego permaneció como profesora. Es conocida principalmente como fundadora de la sociología de las emociones. Ha publicado numerosas obras difundiendo su tesis, con gran éxito en ámbito anglosajón. En español sólo se ha publicado, por ahora, la que reseñamos aquí.


El libro

Consta de diecisiete ensayos, aparecidos con anterioridad en diferentes publicaciones. Pese a su gran número, funcionan bien como capítulos de un solo libro por su coherencia y buena concatenación. Abordan desde distintos puntos de vista las relaciones entre trabajo y familia, analizadas siempre desde la “sociología de los sentimientos”. El interés, por tanto, se centra en el modo en que la gente administra sus sentimientos para hacer frente a las diversas situaciones. Desfilan por sus páginas temas como la colaboración en las tareas domésticas, el trabajo extradoméstico de la mujer, la convivencia conyugal y familiar, la implicación de las empresas en la conciliación, la situación de las madres inmigrantes, la cultura de género, el ámbito profesional del care, la imagen femenina en los medios de comunicación, etc. El estilo es ágil y ameno, repleto de ejemplos, testimonios personales y datos bien contrastados.

Destacamos en esta reseña algunos aspectos que nos parecen más interesantes en orden a una Teoría del Hogar.

martes, 30 de agosto de 2011

Sara RUDDICK, Maternal Thinking



Sara Ruddick, Maternal Thinking
Para la presente reseña sigo la edición italiana, de la que tomo las referencias: Sara RUDDICK, Il pensiero materno. Pacifismo, antimilitarismo, nonviolenza: il pensiero della differenza per una nuova politica, Red edizioni, Como 1993.

Aunque también he cotejado el texto con la versión inglesa:

Sara RUDDICK, Maternal Thinking: Toward a Politics of Peace, Bacon Press, Boston, 1989

Sara Ruddick (1935 - 2011), fue profesora de filosofía y estudios feministas durante casi 40 años en la New School for Social Research de Nueva York. Es conocida principalmente por la teoría que expone en este libro. Estaba casada y era madre de dos hijos.

CONTENIDO
El libro gira en torno al concepto de maternidad, o más bien de actividad materna (mothering), pero entendida —esta precisión es clave— no como función biológica o rol social sino, como conjunto de actividades cotidianas orientadas a proteger, criar y educar a los niños, de ahí que también la llame práctica o trabajo materno. Ruddick evita referirse a ello con la expresión “tareas o labores domésticas”, quizá para destacar la relación madre-hijo por encima de los aspectos administrativos, o tal vez para eludir connotaciones tradicionalistas, pero es obvio que la fórmula trabajo materno se refiere a este ámbito de la actividad humana.

domingo, 17 de julio de 2011

María Teresa MARTÍN-PALOMO, Domesticar el trabajo



MARTÍN-PALOMO, María Teresa, Domesticar el trabajo: una reflexión a partir de los cuidados, en Cuadernos de relaciones Laborales, Vol. 26, núm. 2, 2008, pp. 13-38, disponible en este link.

La autora es investigadora en la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de la Universidad Carlos III de Madrid.

Excelente estudio sociológico sobre el trabajo femenino en la actualidad, concretamente sobre las fronteras —problemáticas y difusas— que median entre trabajo doméstico y trabajo remunerado en nuestras sociedades posmodernas.

Con documentación selecta y actualizada, y con indudable amplitud de miras, la autora desbroza un terreno oscurecido por prejuicios e inercias mentales, y privado desde hace siglos de las necesarias herramientas conceptuales para explorarlo.

Su estudio, en efecto, pone de manifiesto cómo la identificación de trabajo con empleo, nacida en los albores de la revolución industrial (p. 16), ha conducido a menospreciar o, sencillamente ignorar, la peculiar aportación de la mujer a la construcción social.

Ofrezco a continuación un resumen del artículo que divido en cinco partes:

I. El concepto de domesticación

II. Los rasgos domésticos extensibles a cualquier trabajo

III. El concepto moderno, o sea, obsoleto, de trabajo

IV. Los cuidados que domestican el trabajo

Al final incluiré un último punto:

V. Opinión personal

lunes, 30 de mayo de 2011

G. LIPOVETSKY, La posmujer en el hogar

Gilles Lipovetsky, “La posmujer en el hogar” en La tercera mujer. Permanencia y revolución de lo femenino, Anagrama, Barcelona 1999, pp. 186-238


El libro lo componen cuatro ensayos. En esta reseña me referiré al tercero de ellos: La posmujer en el hogar, pp. 186-238

En él se realiza un análisis histórico, minucioso y documentado, del trabajo del hogar desde la Edad Media
a nuestros días. El estudio se centra en el papel de la mujer, pero también en la implicación de los varones y la valoración de la sociedad sobre él.

Al parecer, hasta el siglo XVIII el trabajo del hogar era poco apreciado por sí mismo en Occidente, incluso por parte de las mujeres. Es a partir del siglo XVIII, y sobre todo durante el XIX cuando se forja la idea de “ama de casa” que conocemos actualmente, primeramente en los ambientes burgueses, y más tarde se extiende a toda la sociedad. Se exaltan y magnifican sus cualidades, se perfilan sus funciones como peculiares de la mujer y diferentes de las del varón, y se pondera su sentido del sacrificio y su dedicación a la vida, la educación y a la felicidad de la familia. Se habla incluso de ángel del hogar y sacerdotisa o vestal del templo doméstico. Esta retórica se mantiene hasta los años 50, a pesar de las revoluciones sociales y los movimientos feministas anteriores a esa fecha. En la década de los 50, este ideal de ama de casa adopta en Estados Unidos un tono más moderno y menos “sacrificial” y místico, pues se asocia a los ideales democráticos y los avances técnicos en el terreno doméstico: los electrodomésticos, las conservas, los nuevos utensilios de limpieza, etc, tal como reflejan las imágenes publicitarias de la época.

viernes, 25 de febrero de 2011

El hogar, escuela de humanidad

Comparto en este post el siguiente esquema que elaboré para unas charlas sobre antropología del trabajo doméstico, que tuvieron lugar en La Puebla de Castro (Huesca, España)

El hogar es la encarnación de la familia,
su forma de vida propia, su concreción en el espacio y el tiempo. Funciona como una persona hecha de la comunión de varias: tiene alma y cuerpo, se “arregla”, crece, cambia, se alimenta, se ensucia, se lava, habla, ama…

¿Qué son las tareas del hogar?
Son aquella trama de actividades y compromisos (servicios, destrezas, encargos, competencias, tradiciones, ritos, juegos, etc) con los cuales el hogar: A) se une orgánicamente como cuerpo vivo, B) toma conciencia de sí, C) configura su identidad peculiar, y D) celebra su hermosura.

Su sujeto es toda la familia como comunión de personas.
Las tareas domésticas reflejan la peculiar comunión de personas que es la familia, y por tanto todos sus miembros están implicados en ellas, cada cual según su modo peculiar de ser familia y sus circunstancias, formando así una “comunidad de trabajo”.

Aunque la mujer desempeña un papel especial.
En el plano simbólico, en efecto, la mujer personifica el hogar, es como su rostro y su signo insustituible. El hogar es como ampliación de su regazo. Por eso corresponde a ella dirigir estas tareas e informarlas con la levadura de su feminidad, lo cual no significa en absoluto que, en la práctica, tenga que cargar con todo. La casa es de todos.

Son paradigma y pedagogía de todo oficio.
Contienen como en embrión todas las profesiones. Abarcan muchas actividades (unas 300), que comprenden: A) procesos técnicos, B) labores educativas y asistenciales y C) manifestaciones estéticas y lúdicas. Admiten por consiguiente varios niveles de interpretación o lecturas profesionales.

Son ejercicio de maternidad espiritual.
Es decir, con ellas se cuida de las personas interiorizándolas en el corazón, como gestándolas, para que nazcan de nuevo. Materializan la vocación de nido de la mujer, y en el fondo, de todo ser humano. No persiguen tanto la eficacia como la fecundidad; más que hacer cosas consisten en dar vida.

Forman un sistema.
El ama de casa detecta un latido que lo informa todo, cosas, acciones, espacios y tiempos, como el corazón en el cuerpo vivo. Puede compararse con el cine, donde una gran variedad de trabajos, aparentemente dispares, se integran en un único guion.

Su eje es la corporeidad
de la persona. Constituyen una sabiduría práctica sobre la condición encarnada del hombre. Somos persona según el cuerpo, y por tanto atender las necesidades corporales (comida, vestido, limpieza, adorno) es camino privilegiado para conocernos y amarnos.

Cultivan el sentido simbólico.
Las tareas domésticas constituyen una economía de signos. Cada una de ellas tiene valor de gesto: traduce los acontecimientos familiares en sabores, colores, espacios, tactos y sonidos. El ama de casa escucha la voz de las cosas y hace hablar a la casa.

Entablan una conversación,
tácita e ininterrumpida, entre todos los miembros de la familia, cuyo idioma son las cosas de la casa. Estas operaciones (lavar, cuidar, limpiar, cocinar, ordenar, educar) son siempre algo que alguien dice a alguien, se inscriben en una relación de tú a tú. De ahí que su menosprecio resulte humillante y traumático.

Forman personas.
Son academia primordial de humanidad
: modelan sensibilidades, orientan conciencias, desarrollan virtudes, despiertan talentos, encaminan vocaciones, inspiran arte, educan destrezas, inculcan civismo, siembran solidaridad, cultivan complementariedad.

Aúnan servicio y libertad.
No son servicio servil, propio de esclavos, ni se reducen a mero servicio profesional, el desempeñado con arreglo a la justicia, sino que se desbordan en servicio soberano, que es don de sí libre y responsable. En él se concilian los dos sentidos de la palabra servicio: servir-para (competencia, profesionalidad) y servir-a (cuidado, abnegación).

Imprimen sentido de fiesta.
Además de reconocerse y afirmarse en sus fiestas, la familia es, ella misma, fiesta. Aunque exigente y sacrificada, esta labor nunca pierde cierto carácter de celebración incesante: pone en juego arte, ingenio, fantasía y humor. Se procura la excelencia en el detalle, pues así lo pide la dignidad de la persona.

Domestican el espacio: los trabajos manuales.
El tacto humaniza los objetos domésticos, especialmente la ropa, comunicándoles valiosos y sutiles significados. El uso, la limpieza y el adorno los incorporan al diálogo tácito de la familia y los integran en el sistema doméstico.

Domestican el tiempo: lo cotidiano.
El oficio doméstico armoniza los ritmos cósmicos (el día, la noche, las estaciones) con los corporales (comer, dormir, crecer) y los recapitula en la categoría del hoy, lo cotidiano. Integra el ritmo subjetivo de cada persona (agobios, prisas, tensiones, apatía, enfermedad, etc) en el tempo o timing doméstico, es decir, la historia común a toda la familia.

Enseñan a vivir en complementario.
Las tareas que afectan a la esfera corporal (cuidado de la ropa, objetos y lugares de aseo, etc) o el cultivo de la elegancia y los modales, despiertan el sentido del pudor, que es admiración y respeto hacia el sexo opuesto. Con ello se aprende y enseña a ser varón o mujer, y a comportarse como tales.


jueves, 24 de febrero de 2011

Mey ZAMORA. Dulce Hogar. Un retorno a lo esencial



Hay ciertos pasajes del libro de Mey Zamora que sirven de clave para entender toda la obra: aquellos en que aconseja intercambiar información doméstica con las amigas, compartir experiencias, pedir consejo. En realidad ¿qué es todo este encantador librito sino precisamente eso? Su planteamiento es el de una charla amistosa, de esas que las mujeres suelen mantener cuando coinciden en el supermercado, el parque, la peluquería, el autobús, el café de la esquina, el gimnasio. Conversaciones que nosotros, los hombres, tendemos a ridiculizar por parecernos insustanciales. Ahora que leo a Zamora, sin embargo, caigo en la cuenta de la sabiduría que entrañan, de la multitud de brillos y matices que encierra el hogar como tema de conversación. ¡Es el microcosmos donde todo lo humano se gesta, se cuece y se alumbra!



El hogar como tema, además, se distingue de cualquier otra charla profesional en un punto: el objeto de esta conversación –el hogar– se realiza y se amplía por el hecho mismo de tratarlo. Hablar de hogar crea hogar. Compartir nuestras experiencias sobre hospitalidad ya es un acto de hospitalidad. Y así, cuando varias amas de casa platican sobre lo suyo instauran un vecindario cultural y espiritual, en el cual cada una entra, en cierto modo, en el hogar de la otra. Más aún, unas familias se abren a otras, con todo el beneficio que ello supone para la cohesión social y la cultura.


En definitiva, un libro repleto de pensamiento artesanal e intuiciones luminosas, útiles para todos los ámbitos profesionales. Chapeu!


ZAMORA, Mey, Dulce hogar. Un retorno a lo esencial, Plataforma editorial, Barcelona 2009